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Unos cuantos consejos para evitar los conflictos con los hijos

plumaEn ocasiones los conflictos con nuestros hijos parecen crecer y crecer, y no hay forma de cruzar una sola palabra con ellos sin terminar en pelea. A continuación presentamos una serie de “normas” de resultados prometedores. Léalos, medítelos, y si los considera útiles, llévelos a la práctica. ¡Mucha suerte!

Dar siempre una prueba de cariño

Siempre que se dirija a sus hijos trate de introducir una prueba de cariño, independientemente de la razón por la que se dirija a ellos, y especialmente si es para corregir una actitud negativa. Hay varias buenas maneras de hacerlo:

  • introducir siempre apelativos positivos y piropos (tesoro, mi amor, guapetona, campeón, etc.)
  • abrazar, tocar y besar frecuentemente
  • gastar bromas (gastar bromas es una excelente manera de demostrar que alguien nos importa).

Si no se cumple esta norma (dar siempre pruebas de cariño), las siguientes pierden su efectividad. Elija las formas de demostrar su cariño con las que se encuentre más cómodo y no pierda ocasión en ponerlas en práctica. 

No estamos en democracia

Es conveniente tratar de consensuar con los jóvenes aquellas decisiones que les afectan, pero no hemos de olvidar que en caso de desacuerdo la decisión final es la nuestra. Hay determinadas normas que no es preciso ni conveniente consensuar y, por paradójico que parezca, esto lo agradecen muchas veces los jóvenes; un exceso de libertad puede producir inseguridad. 

En todo caso, no está de más dar todo tipo de explicaciones sobre una decisión nuestra, siempre que sea acogida adecuadamente por el joven, o cambiar una decisión si nuestro hijo nos propone una contrapartida que nos parece razonable.

Si el niño empieza a criticar irrespetuosamente nuestra decisión, zanjar la conversación con una frase amable, siempre cumpliendo la primera norma.

Por ejemplo: "Escúchame, tesoro. No puedes tener esas conversaciones de 30 minutos con tus amigos con el móvil. No quiero, bajo ningún concepto, que vuelva a pasar. ¿He hablado claro, campeón?"

Informar clara y precisamente de las consecuencias del mal comportamiento

No se debe perder el tiempo con amenazas interminables, y menos cuando se mezclan con descalificaciones hacia el joven o descalificaciones cruzadas. Las advertencias deben ser concisas, claras y bien definidas, y siempre tratando de mantener el tono amable y respetuoso (siempre la primera norma).

No se trata de que “tú eres mala” sino de que “esta norma ha de cumplirse”. No caer en la trampa de entrar en discusiones.

Ejemplo: Chiqui, ven un minuto. Te he dicho ya dos veces que las conversaciones de media hora por el móvil se han terminado. Si se vuelve a repetir te voy a dar de baja la línea. Sólo podrás llamar al 112. ¿Lo has entendido, amor?

Cumplir las amenazas

La manera más rápida de perder la credibilidad ante nuestros hijos es lanzar amenazas y no cumplirlas. Una vez que hemos informado claramente de las consecuencias, si el niño continúa en su actitud, tenemos que cumplir la amenaza de forma completa. El niño probablemente se enfadará y proferirá todo tipo de insultos y descalificaciones para tratar de provocar nuestro enfado (una de las cosas más gratificantes para muchos de ellos), especialmente si es la primera vez que cumplimos con nuestra palabra.

No debemos caer en la provocación del enfado. Debemos contestar con amabilidad “Por favor no me hables así. Ya sabías lo que iba a pasar”.

Dada la necesidad de cumplir la amenaza, esta debe ser factible. No se debe amenazar con castigos imposibles de cumplir, por ejemplo "dos meses sin ver la tele, quedarte solo encerrado en el hotel, etc."

Facilitar el camino de regreso

Una vez ejecutada la amenaza podemos ofrecer alternativas para que las cosas cambien según nuestro deseo. También podemos contemplar las propuestas del niño en este sentido.

El camino de “vuelta a la normalidad” debe estar emocionalmente allanado. No se deben poner barreras emocionales a nuestros hijos que dificulten precisamente aquella actitud que queremos conseguir. No es conveniente en absoluto que el joven tenga que humillarse para levantar el castigo

Ejemplo de actitudes no convenientes: “Así me gusta. Que te quede claro que en esta casa se hace lo que yo digo. Aquí nadie tiene más narices que yo.”

Ejemplo de actitudes convenientes: “Te agradezco de verdad que me hayas hecho caso.”

Otras consideraciones de carácter general

  • La firmeza es absolutamente imprescindible para el desarrollo de los jóvenes, que necesitan normas claras y fáciles de seguir y que les confieren seguridad en la vida. No debe confundirse el cariño y el amor con la falta de firmeza. Hay que practicar siempre el tándem: cariño+firmeza.
  • Si no están seguros de que les queremos, no conseguiremos nada. Esto no significa en absoluto ser blandos y plegarse a sus deseos. Ellos entienden perfectamente si les queremos o no les queremos con independencia de lo que les consintamos. .  
  • No debe haber fisuras en personas cercanas. Ambos progenitores deben apoyarse mutuamente aunque uno de ellos no esté de acuerdo. Evitar ingerencias externas contrarias (abuelas, tíos, etc.)
  • Jamás reirse del niño. Los padres son siempre un refugio emocional confiable, que no traiciona bajo ninguna circunstancia.
  • Jamás faltarle al respeto a un niño. No perder los nervios. Ante la duda callarse. Es preferible dejar siempre que la cosa se enfríe antes que dar una respuesta catártica.
  • Una de las cosas que más estimula a los hijos es nuestro enfado. Cada vez que nos enfadamos echamos las semillas para sus futuras provocaciones.
  • Nuestra actitud es independiente de la de nuestro hijo. Nosotros (dentro de nuestra humanidad) trataremos de ser siempre amables, siempre respetutosos, siempre tranquilos independientemente de que nuestro hijo no lo sea.
  • Los jóvenes aprenden principalmente actitudes, no razonamientos. Si gritamos para tener razón, aprenderán a gritar para tener razón. Si nos enfadamos ellos se enfadarán. Si tratamos de quedar por encima de ellos en el aspecto personal, aprenderán la importancia de quedar por encima del otro. Si “esto se hace por mis narices”, aprenderán la importancia de las “narices de cada uno”.
  • Evitar ante todo la lucha de egos. El ego de nuestro hijo siempre debe quedar a salvo. Si el ego del otro queda malherido, la cosa ha terminado mal, aunque se haya plegado a nuestros deseos y (aparentemente) hayamos conseguido nuestro objetivo.
  • Nunca es tarde para empezar. Estas normas, con sus matices, son aplicables a todas las edades. 
  • Llevar adelante estas medidas requiere valentía, audacia y paciencia, pero funcionan, y en ocasiones a muy corto plazo. 

 

El equipo de Auler Profesores Particulares

 
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